top of page
image00001.jpg

SALA INCLUSIVA

Hay historias que no se cuentan con palabras. Hay recuerdos que se guardan en la punta de los dedos, en el roce de un hilo, en la paciencia de una aguja que atraviesa la tela. Esta exposición nace de esos silencios llenos de significado. No es solo una muestra; es el testimonio de un encuentro. Durante años un grupo de mujeres, algunas enfrentando la barrera de un oído que no escucha o de una mente que procesa el mundo de forma distinta, junto a sus cuidadoras, se reunieron -no como pacientes o asistentes, sino como creadoras- en talleres compartidos en donde lo cotidiano se volvió materia prima, y la vulnerabilidad, una fuerza renovada.

 

Las imágenes que ven aquí, impresas sobre tela, son solo el comienzo. Sobre ellas crece otro paisaje: el del bordado. Cada puntada es una decisión, un latido, una reparación. No decoran la fotografía; la habitan, la cuestionan, la abrazan. Siguiendo la huella de lo que la teórica Laura U. Marks llamaría una “mirada táctil”, donde la percepción visual activa lo sensorial y afectivo. Estas obras nos invitan a ver con el alma, no las miramos desde lejos, sentimos la textura de la orquídea en un jardín, las formas de una mariposa en sosiego, el ciclo de vida y resistencia en un detalle que pasaría desapercibido. Estos fragmentos de naturaleza urbana se convierten en espejos íntimos: reflejan los procesos internos de transformación y resiliencia de quienes las intervinieron.

 

Esta es, ante todo, una práctica de escucha. Escucha activa a narrativas que el arte santandereano no siempre ha sabido o podido acoger. Es un intento consciente por diversificar nuestro relato local, por hacer visible lo que ha permanecido en los márgenes, no por falta de valor, sino por falta de oportunidades. Cada obra es una superficie de memoria viva, un lugar donde lo personal se hace colectivo y lo colectivo se hace tangible.

 

Al final, Ecos desde el Silencio no busca nuestro aplauso, sino nuestra presencia. Nos recuerda que el arte más poderoso a menudo no grita, sino que susurra, y que, en ese susurro, entrecruzado de píxeles e hilos, se teje la verdadera trama de lo comunitario: una red de afectos, de reconocimiento mutuo, y de una belleza profundamente humana que se construye, puntada a puntada desde el silencio compartido.

 

Julián Villamizar Rincón
Diseñador y Artista Visual
Secretario ACOAVI AIAP-IAA-UNESCO

image00012.jpg
bottom of page